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La amenaza del populismo

En los últimos años hemos escuchado el término como un adjetivo despectivo para ciertos miembros de la clase política, de hecho hay pocos sino es que ninguno, que se identifique como populista en pleno siglo XXI, al menos en nuestro país. El populismo no siempre fue un adjetivo despectivo, pues desde su concepción, en la Rusia del siglo XIX, el populismo fue visto como una ideología que plantaba cara frente a las elites del poder, una ideología que aglutinaba a los contingentes menos favorecidos.

Así pues, el populismo ha ido evolucionando y derivando en diversos pensamientos que se alejan o acercan al núcleo central del mismo. Hay quienes hablan de un populismo económico, cultural, ecológico y otros tantos, pero a pesar de todo esto, el populismo termina gravitando de vuelta a su característica esencial, las clases menos favorecidas.

Teniendo en mente que en esta ideología promueve los derechos de las clases menos favorecidas para impulsar su agenda política, sería común, desde un punto de vista ideal, que los políticos pertenecientes o identificados con esta corriente, pusieran por delante de todo, los interés de las clases que dicen representar y aún más, que estas clases recibieran información adecuada y propuestas concisas y ciertas respecto de lo que sus futuros representantes políticos pueden o no hacer.

En el espectro político del electorado, la educación política juega un papel fundamental. Que los ciudadanos posean el conocimiento necesario para entender las propuestas políticas de sus candidatos es crucial cuando de elegir gobernantes se trata. Hablando de populismo y sus objetivos electorales, encontramos que su población objetivo suele no tener niveles altos de escolaridad, usualmente primaria o secundaria y en algunos casos sin escolaridad alguna.

Fácil también resulta identificar a las corrientes populistas con la izquierda, sin embargo, los escenarios de la derecha y la ultra derecha también presentan características de populismo. ¿Por qué llamarlo una amenaza? El populismo se presenta como un discurso político adjunto a una ideología que pugna por defender a una clase frente a otra. La idea de un discurso así, normalmente es bien recibida, sin embargo resulta peligroso cuando a través de la intención de defender a una clase frente a otra, la enemistad de las mismas surja a través de una serie de hechos cuestionables, promesas falsas y soluciones inocuas.

Los ejemplos en América Latina abundan, pero si observamos el caso venezolano encontraremos cuestiones que definen los peligros del populismo. Para Venezuela el petróleo constituyó una de sus mayores fuentes de ingresos, la aplicación de subsidios masivos a la gasolina, electricidad y productos básicos, produjo una confianza casi religiosa en el Presidente en turno. Para Hugo Chávez no fue complicado mantener la confianza de un gran sector de la población mientras el precio del petróleo mantuvo un precio constante, cuando esto dejo de ser así, los subsidios se acabaron y los venezolanos tuvieron que enfrentar la realidad de economía en constante inflación.

Para el pueblo venezolano, la complicada relación entre los precios del petróleo, el alza en los consumibles y combustibles y los intricados efectos en la depreciación de la moneda, resultaron inentendibles, la verdad es que sus precios asequibles y el nivel de vida que disfrutaban provenían de una ilusión de bienestar creado por el numero masivo de subsidios que el gobierno ponía en uso. Entender estas complicadas relaciones de causa-efecto era demasiado, pero la crisis necesita culpable, y para el gobierno de Chávez y el posterior de Nicolás Maduro, nada mejor que un culpable amorfo y sin mucho contenido; el imperialismo yanqui, una entidad que regulaba condiciones de mercado, precios de petróleo, la disponibilidad de medicamentos, las noticias que no hablaban bien del régimen, los periódicos, el precio del pollo etc.

El populismo en América Latina encuentra en el concepto imperialista un enemigo al cual culpar con extrema facilidad de un sinfín de problemas económicos, políticos y sociales de la más diversa índole, cierto es que la influencia de Estados Unidos en América Latina es y sigue siendo palpable, pero hablar de un completo modelo desestabilizador de la economía de ciertos países resulta ocioso y paranoide.

Así pues el populismo se abre paso hasta en los países más desarrollados. El caso reciente de Donald Trump en Estados Unidos, representa el ejemplo de un ejercicio político con componentes de un rampante populismo dispositivo. Estados Unidos vivía un clima de relativa inseguridad laboral, plantas automotrices mudaban sus producciones a otros países con mano de obra más accesible y otras más hacían despidos aunque no en la misma cantidad que en 2008. Las razones se debían a complicados procesos de automatización de posiciones laborales, las regulaciones de tratados internacionales que sirven a las empresas automotrices a reducir gasto de importación y exportación, entre muchas otras razones, sin embargo, para el sector de la población que apoyó al candidato republicado e igual que en caso venezolano, entender estas complicadas relaciones de causa- efecto requiere de un proceso de información y preparación educativa. La simplicidad usada por Donald Trump para encontrar un culpable a la mano, se encontraba en el sector migrante.

En nuestro país las cosas no son diferentes. Las reformas fiscales, energéticas y educativas, planearon poner un orden a cosas que antes no lo tenían. La eliminación del subsidio a las gasolinas obedeció a un panorama en el que el precio del petróleo no resultaba competitivo, mantener dicho subsidio con el precio del petróleo a números tan bajos, significaría hacer un agujero de miles de millones de pesos en el presupuesto de la federación, de igual forma, mantener un sistema en el cual las plazas fuesen heredadas y no existiera un eficiente control de la evaluación de los maestros sería condenar al sistema educativo a un rotundo fracaso. El populismo utilizado por ciertos sectores de la izquierda en nuestro país, aun advirtiendo estas relaciones causa-efecto, decide culpar de los problemas derivados de la implementación de estas reformas, a un conjunto amorfo y sin contenido, moldeable como explicación de cualquier problema que afecta a la sociedad. El concepto de “Mafia del Poder” es equiparable y similar al de “Imperialismo Yanqui” y los migrantes.

Tratar de mantener a un sector de la población contento con base en estrategias económicas y riesgosas, subsidios irresponsables, y discursos carentes de lógica es lo que constituye el peligro de un discurso populista. El caso estadounidense resulta ilustrativo de lo que sucede cuando uno de estos candidatos llega al poder y se encuentra con la resistencia de los demás poderes, que haciendo su debe constitucional impiden que la incoherencia de promesas de campaña se conviertan en política pública. Habrá que pensar si en nuestro país, los demás poderes están listos para actuar como un verdadero balance.

 

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