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EDITORIAL | Con miras al 2018

 

2017 está en sus etapas finales, un año de mucha tensión y anticipación política. Los preparativos de cara a la contienda electoral del 2018 están por terminar, las alianzas se empiezan a formar, así como los frutos de los mismas salen para bien o para mal. Ante todo, se nos revela un panorama de la política nacional; es distopica, vive en una realidad propia que ignora las tolerancias de los mexicanos. En esta realidad alterna de la política nacional, el deber ser y las apariencias son el status quo que mantiene todo en su lugar o al menos así lo ven los principales actores de este circo.

 

Las alianzas son las pruebas fehacientes de este escenario, ellos creen que el ciudadano es incapaz de ver más allá de las declaraciones, que usualmente van en el mismo sentido. En la alianza Morena-PES encontramos una disociación de la realidad mucho más compleja. Los seguidores de Andres Manuel, incapaces de conjurar una crítica seria al líder de su partido, resistieron el embate de una acometida ideológica. De todos es sabido que el PES es un partido de ultraderecha que nada disfrutaría más que ver arder los derechos de las minorías, la alianza con Morena, es, en palabras de AMLO, con fines meramente políticos, para conseguir la maquinaria partidista, el empujo necesario para vencer.

 

A pesar de lo anterior, Andres Manuel ha guardado un silencio peligroso sobre los derechos de las minorías que el PES busca revertir. En una entrevista con Jorge Ramos, el Tabasqueño mencionó que la legalización de los matrimonios del mismo sexo y la adopción homoparental, son derechos que serían sometidos a consideración de la sociedad a través de un plebiscito. Después de la consolidación de la alianza, recalcó que su espíritu juarista respetará lo ya conseguido, pero no se aventuró a declarar que buscará un camino progresista como su propia corriente política indica “Esta alianza es para el bienestar del alma” declaró ante las protestas de los más recalcitrantes miembros de su partido.  A pesar de que para sus fieles seguidores se trata de una de las brillantes estrategias de su líder, al resto de la población con índices mínimos de decencia, esta alianza no es más que una aberración llena de agujeros por todos lados.

 

En el lado opuesto, la alianza PANAL-PRI vino con un costo. Horas después de que se anunciara la coalición, la maestra Elba Esther fue puesta en arresto domiciliario, medida que le había sido negada en diversas oportunidades, pero gracias a la firma de la alianza del partido que ella fundó y el PRI, mágicamente todo se resolvió. Resultan igual de insultantes las declaraciones de José Antonio Meade respecto a este tema, señaló que la decisión del arresto domiciliario nada tiene que ver con la alianza, que corresponde a otras decisiones y que esta alianza está libre de cualquier pecado.

 

El Frente también resulta sospechoso, la repartición de puestos nada tiene de ciudadano, el dedazo de Anaya tiene implicaciones más allá de una simple designación en la candidatura, nos dice que, aunque el Frente no es más de lo mismo, los métodos y sistemas, se asemejan mucho a lo ocurrido en todos los demás partidos y alianzas.

 

El problema con todo esto radica en que a pesar de que toda la ciudadanía parece darse cuenta de lo que en verdad sucede, el cinismo con el que se manejan los partidos nos hace pensar que ellos viven en una burbuja de realidad alterna, una en donde sus mentiras y demagogia funciona a la perfección y nos encontramos debatiendo con racionalidad como la liberación de Elba Esther en realidad es una decisión judicial racional, como el PES sólo es un simple aliado político y no ideológico, y que Ricardo Anaya en realidad es el único candidato posible en el frente.

 

Sucede que a pesar de todo esto, nadie parece decirles a estos individuos que la forma en que percibimos sus movimientos y discursos, ya no es la misma de siempre, que a pesar de Andres Manuel actúa como dictador y mesías sobre los suyos, el resto entendemos que se trata de disparates sin sentido que hacen pasar como política. Que a pesar de que el PRI sabe que la sociedad no necesita ni quiere más de lo mismo, es exactamente lo que están haciendo. Nada en la política nacional nos da esperanzas de cambio y el 2018 avista a ser un año lleno de división y resentimientos.

 

Ante este panorama desolador, la esperanza de una ciudadanía que modifique estos paradigmas se desvanece cada vez que un simpatizante de algún partido político propone su ideología como los nuevos 10 mandamientos. Personalmente creo que el futuro político se parece mucho a un video que en recientes días se hizo viral; en la Ciudad de México simpatizantes de Morena se enfrentan con simpatizantes del PRD, vuela sillas, golpes, insultos, y al fondo, como si este país se escribiera sólo en una gigantesca comedía, suena La Chona de los Tucanes de Tijuana. Ese es nuestro país, en medio de las sillas voladoras y bailando al ritmo de La Chona, estamos todos nosotros con credencial de elector en mano.

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