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Los impresentables

 

Por: Luis Cristóbal Hernández Velasco

Ayer se anunció que Fausto Vallejo buscaría la candidatura por Morena para la alcaldía de Morelia, este enunciado por si solo nos debería decir un mundo de cosas, sin embargo, en el clima político actual, pocas cosas suenan coherentes tanto así que lo inverosímil es la regla. Es preciso tomar ciertos respiros y ver las cosas con calma, alejarse un poco para poder ver el elefante con claridad. Después de tal ejercicio de reflexión la reacción que se nos viene a la mente es “¿Se han vuelto locos?”

 

Durante el año que nos espera, será necesario preparar el estómago para soportar terribles cantidades de cinismo. Lo de Fausto Vallejo viene precedido por el nombramiento de Alfonso Durazo como responsable de la seguridad en el gabinete de AMLO, y la incorporación a la campaña del yerno de Elba Esther Gordillo. A pesar de pasados oscuros (el caso de Vallejo uno completamente negro) Andres Manuel coloca hábilmente su mano sobre su frente y todo esta perdonado. El problema se lo deja a sus seguidores, quienes tienen que inventarse movimientos mentales acrobáticos para acomodar una vehemente traición a sus principios, como un nuevo mandamiento, dogma le dicen en algunas partes.

 

Lo anterior confirma algo que Andres Manuel nos viene diciendo desde hace algunos años “el poder por el poder mismo” cualquier reflexión democrática coherente e inteligente, escapa al ingenio del tabasqueño quien decide que está bien y mal dentro de su partido. Carga siempre consigo una bolsa con las letras “Mafia del Poder” en donde depositará todo aquello que no le sirva y sacará de allí todo aquello que considere bueno y que pueda servir a sus intereses, el suegro de Emilio Azcárraga ya no forma parte de la perniciosa mafia del poder y bendecido por la mano santa, ahora se dedicará a brindar servicios al país desde Televisa.

 

La seguridad con la que Andres Manuel decide cuales son los polos de lo malo y lo bueno, nos hace pensar que en realidad, sus concepciones éticas del bien y mal, cambian en función de aquello que le garantice el poder. Lo que en un principio inició como una bolsa donde sólo había nombres, ahora contiene instituciones. En recientes actos de campaña, ha señalado que instituciones como el propio INE, la Secretaria de la Función Pública y el CISEN, deberán desaparecer pues están manchadas con la tinta de la mafia del poder. Curioso resulta que se trate de instituciones de vigilancia, que tal vez le estorban en sus sueños de dictador.

 

Uno de los problemas con el autoritarismo es la falta de seguidores que perpetúen sus fallidos ideales, de ahí la necesidad de la fuerza. En el caso del Andres, su autoritarismo mesiánico, es disfrazado de una esperanza que purifica incluso a aquellos que han tenido probados nexos con el narcotráfico, y este autoritarismo tiene seguidores y predicadores.

 

El caso más triste tal vez sea el del investigador del CIDE José Merino, un intelectual respetado en diversos círculos y ferviente seguidor de Morena, un hombre de principios liberales y vanguardista en muchos aspectos, que cuando Andres Manuel anunció su alianza con el PES, se sintió traicionado, sin embargo, se tragó el orgullo y sus pisoteados principios, y ahí sigue, tratando de encontrarle acomodo a disparates hechos pasar por política pública.

 

El problema de tener voceros tan articulados, es que hay quienes piensan que en realidad hay coherencia en un discurso de rampante populismo y exageración. Los cambios radicales de polaridad en el discurso indican que el poder para él es un fin que admite cualquier cantidad de sangre y suciedad. Durante el gobierno de Fausto Vallejo, los Templarios controlaron el estado y sometieron a la población a un reinado de terror y violencia, no se trata de rumores, fueron cuestiones comprobadas, videos en los que su hijo negociaba con carta abierta a nombre del gobierno de su padre para obtener favores y dinero de la Tuta. Y este sujeto será candidato de Morena.

 

¿Vale la pena soportar tantas humillaciones? Los seguidores de Andres Manuel, ciegos ante las evidencias y en algunos casos enajenados ante el hueso por venir (Attolini y Ackerman) distorsionan la realidad para que sea más amena y placentera, una realidad en donde Fausto Vallejo era un pobre hombre enfermo que no sabía nada de lo que hacían los Templarios en su estado. Andres Manuel es un mesías que puede recoger a los leprosos, los ciegos, los pobres, los narcos, los corruptos. Esto es inverosímil y sin embargo es normal.

 

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