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Lula Da Silva se entrega para cumplir condena por corrupción

Después de dos días de especulaciones sobre lo que iba a hacer el mayor político popular de la historia reciente brasileña –frente al mandato de prisión expedido por el juez Sergio Moro menos de 24 horas después del rechazo al Habeas corpus de la Corte suprema– Lula decidió este sábado entregarse.

Eran numerosos sus aliados que intentaron convencerlo de resistir con los millares de personas que estaban acampando frente al sindicato de los metalúrgicos, el lugar más emblemático de la historia política del expresidente, donde nació su militancia y donde terminó, por ahora, su carrera política.

“Allende no se entregó”, decían algunos. “João Goulart (presidente entre 1961 y 1964) se dio por vencido y nos entregó a la dictadura”, pensaban otros.

Pero parece que el expresidente fue convencido por sus abogados de rendirse pacíficamente y seguir luchando por probar su inocencia.

Antes de subir en un carro de la policía, Lula tomó el micrófono durante una hora para decir de nuevo su inocencia en el caso conocido como el “triplex”.

“No piensen que estoy contra la operación Lava Jato contra la corrupción. Si encuentran bandidos, tienen que prenderles. Todos aquí estamos a favor. Todos decíamos toda la vida que solamente prendían pobres y nunca ricos. Ahora los jueces no pueden prender subordinados a los medios de comunicación porque ellos destruyen la imagen de una persona y después los jueces dicen que no pueden ir contra la opinión pública porque la opinión pública quiere la prisión.

“Los que quieren juzgar sobre la base de la opinión pública, dejan la justicia y vayan para la política”, dijo el expresidente en un recado directo para los jueces de la Corte suprema.

El caso del “triplex” salió primero en 2010 en el periódico Globo, diciendo que Lula estaba comprando un apartamento en la estación balnearia obrera de Guarujá.

Lo que la defensa del expresidente nunca negó, pero que la venta fue cancelada en 2015 por no tener las condiciones de seguridad para un expresidente. En 2014, Globo volvió a publicar un reportaje diciendo que varios testimonios habían visto la familia de Lula visitando el apartamento.

Lo que tampoco negó la defensa y agregando que Lula fue a visitar 3 veces este apartamento.

El juez Moro citó los dos reportajes del Globo en su sentencia como parte de los elementos probatorios.

En 2017, Leo Pinheiro, presidente de la empresa de construcción OAS, preso por ser parte del cártel de empresas que hacían fraudes en los contratos con Petrobras, ratificó en su “delación recompensada” que el apartamento era de Lula y que la empresa pagó su refacción a cambio de las favores que Lula dio a la empresa.

Pero el Ministerio Público nunca pudo probar la verdadera propiedad de este apartamento. Mientras, durante todos esos años, los medios de comunicación atribuyeron este apartamento a Lula.

“Soy el único ser humano a ser procesado por un apartamento que no es mío. Y ellos saben que Globo mintió diciendo que era mío. Que la Policía federal mintió también durante la investigación diciendo que era mío. Y el Ministerio Público mintió diciendo que era mío durante la acusación. Y yo pensaba que Moro iba resolver, y también mintió diciendo que era mío. Y por eso estoy indignado, porque hice muchas cosas durante mi vida, pero no les perdono de haber pasado para la sociedad, la idea que soy un ladrón”, gritó Lula.

El expresidente espera que su inocencia será un día reconocida por los Tribunales superiores. Mientras, deja la vida política. Sus militantes, inconformes, intentaron impedirle entregarse en la salida del sindicato.

Para entender lo que Lula significa, hay que ir en un movimiento social como el de los pequeños productores rurales. De rostros tristes, los militantes comen en silencio en los locales en Río de Janeiro este viernes 6 de enero.

“Todo el mundo está muy pesimista”, dice Camille que aceptó hablar cuando sus colegas dicen que “no tienen el ánimo para esto”.

“Hay que entendernos, Lula representaba la esperanza de la vuelta al poder del pueblo, el mejoramiento de nuestras condiciones de vida. Impedir su candidatura, significa también el fin de este proyecto político y popular. Por esto estamos tan tristes y sobre todo tenemos este sentimiento enorme de impotencia, no sabemos que hacer”, explica esta mujer que vende en Río de Janeiro los productos de los campesinos de los Estados más pobres del país.

Con Lula en la presidencia, fue también la primera vez que los movimientos sociales fueron recibidos en el palacio presidencial de Brasilia.

Algunos de los que están en la mesa han sido invitados a reuniones allá: “¡Parece que fue hace años luz! ¡Ahora nuestro país verdaderamente está en las manos de los golpistas, hasta el sistema judicial nos traicionó!”, se enfurece el esposo de Camila.

El sentimiento de los militantes es el mismo que hace dos años atrás, al momento de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

Basta cambiar en sus bocas “Judicial” por “legislativo”: una misma traición, una misma injusticia. En 2016 como ahora, tienen la certeza que les están robando la presidencia del país. Pero esta vez, por tratarse de Lula y porque tenían más esperanza en los jueces de la Corte suprema que en los diputados, el golpe es todavía más fuerte.

En los barrios nobles de la ciudad de Río también había un ambiente idéntico al de 2016. Se escucharon los gritos de alegría, y resonó el ruido de las cacerolas golpeadas en los balcones.

Brasil sigue totalmente dividido, como de hecho se vio en el resultado de la decisión de la Corte suprema: por un apretado resultado de 6 jueces contra 5, la Corte rechazó el Habeas Corpus pedido por la defensa de Lula para evitarle la cárcel hasta agotar todos los recursos en los tribunales superiores como lo estipula la Constitución.

Si los jueces interpretaron muy diferentemente la Carta Magna de Brasil como la jurisprudencia, parecieron estar de acuerdo sobre un solo punto: la lentitud del sistema judicial, la ineficacia de las investigaciones policiacas o el sentimiento general de impunidad que reina en el país.

Sin embargo, sobre los métodos y los medios de remediarlo, se vio una Corte bien dividida. Para el campo mayoritario, que le negó el Habeas corpus al expresidente, la prisión después de la segunda instancia permitirá combatir mejor la impunidad, la corrupción y la violencia.

Para el campo a favor del Habeas corpus, el incumplimiento de la presunción de inocencia como lo garantiza la Constitución va a provocar una congestión todavía más importante de un sistema carcelario ya particularmente caótico y agobiado:” la presunción de inocencia representa posiblemente el más importante recurso de los ciudadanos contra los errores judiciales. Tenemos actualmente millones de procesos en juicio para 16,000 jueces”, dijo el juez Ricardo Lewandowski.

Los jueces tenían que considerar solamente el caso del expresidente. La presidente de la Corte había rechazado la semana anterior juzgar si el Habeas corpus de Lula será aplicado para todos los otros condenados que presentaran en el futuro el mismo recurso.

La sesión del 4 abril quedó entonces registrada únicamente para el caso del expresidente. No se entendió el exhausto examen de los jueces sobre las fallas del sistema judicial brasileño. De no ser que se pretendía justificar frente a la opinión pública, una decisión que cambia radicalmente el rumbo del país.

Las esperanzas de la izquierda de volver al poder están de ahora en adelante al menos comprometidas. Aún estando a un paso de encarcelar a Lula, el senador por el PT, Lindbergh Farias sigue afirmado que “Lula es y será el único candidato del PT”.

Según especialistas en derecho, Lula todavía puede ser candidato: “la Constitución y la ley electoral dicen que si el condenado no fue juzgado hasta la última instancia, no pierde sus derechos políticos. Es decir que aún preso, Lula puede ser candidato”, considera el abogado Fillipe Lambalot, especialista en derecho Constitucional y Electoral en Sao Paulo.

Pero como vimos durante el juicio de la Corte suprema, hay varias maneras de interpretar la Constitución. Y mientras los especialistas se pelean, la elección presidencial se aproxima.

“Considero que es un gran error del PT aferrarse a la candidatura de Lula. Creo que sería mucho más productivo aceptar la condena de Lula, mismo oponiéndose a ella porque es cierto que la justicia es más rigorosa contra Lula que contra otros políticos y preparar una alternativa de izquierda.

“De hecho hay una unión de los partidos político de izquierda que se está consolidando alrededor de la condena de Lula. Creo que hay que aprovechar para oponerse a la extrema derecha que está creciendo en el país”, considera el politólogo Mauricio Santoro.

Brasil está efectivamente viviendo una situación muy peligrosa que no se limita a la figura de Lula. El odio crece, el fascismo florece como nunca antes en su historia contemporánea.

Los números de muertes de líderes sociales nunca fueron tan importantes como durante el gobierno Temer: más de 100 fueron asesinados, la mayoría por conflictos de tierras, según los datos de la Comisión Pastoral de la Tierra.

“Sin Lula, tendremos todavía menos protección”, piensa Camila de los pequeños productores. Y agrega un sentimiento que muchos tienen ahora en Brasil: “nos abandonó”.

 

 

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