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Editorial | La época de la doble moral

 

Caótica, asquerosa, vengativa y lo que usted quiera ponerle de adjetivo a esta temporada electoral. Pasan los días, crece la indignación, crece la polarización del país y poco a poco nos acercamos al día de la elección con más preguntas que respuestas, con más incertidumbre que certeza. En esta toxica temporada, existe una nota sobresaliente más que cualquier otra; la intolerancia, a partir de ella se construye un discurso de fingida indignación en donde al centro siempre hay un candidato presidencial.

 

En el capítulo de esta semana, Ricardo Alemán, un controvertido y odioso periodista que poco o nada tiene de analista y el titulo de periodista le parece queda un poco grande. Sin embargo, en el Coliseo Romano de las redes sociales, compartió un meme que invitaba al asesinato de López Obrador. Todo el peso del rencor social le cayó encima, pronto Televisa se deslindó laboralmente de él, y el linchamiento mediático fue excesivo. En especial y obviamente los simpatizantes de Morena, quienes vieron en alemán al enemigo número 1 de la nación, al extraño enemigo del que habla el Himno Nacional.

 

En días anteriores circuló un video en donde Paco Ignacio Taibo II alentaba al fusilamiento de opositores, luego su hija en un post de Facebook en extremo clasista, invitaba a todos los que no apoyaran a su padre a que se largaran del país. Esto es una cosa de locos, y sin embargo nadie dijo nada, o quienes lo dijeron no fueron escuchados lo suficiente, a nadie le importan los fusilados, o los exiliados del país, ni siquiera nos importan los asesinatos, nos importa una retórica en donde lo único que queremos proteger es aquello que comulga con lo que yo quiero, que está en mi visión de lo que consideró correcto, el resto no nos importa un carajo.

 

En el lado de López Obrador la pluralidad trae problemas. Manuel Espino, la más reciente adición a la campaña, es un homofobo confeso, un tipo que preferiría encerrar a las personas de la comunidad LGBTQ en un manicomio, genera cierto escozor al seno de la campaña, pero nadie es capaz de cuestionarlo. “Es un error” señalan los feligreses y siguen con sus vidas, y así seguirán llegando indeseables a la campaña y los seguirán llamando errores. Nos importa solo lo que está de acuerdo conmigo, la visión de los otros no importa y cuando sale la luz, es equivocada, sucia y de cero importancias.

 

Sucede que esta doble moral existe en el seno de una campaña en donde Espino se suma para hacer historia, pero miembros de la comunidad LGBTQ y militantes de Morena son incapaces de denunciar esta clase de situaciones, siguen ahí, soportando un doble discurso que si denuncian en otros lados. Toda esta intolerancia acumulada, aunada a una creencia ciega en un candidato con numerosos defectos, es de terror. Imaginar a Manuel Espino dictar política pública en donde prive de los derechos a las minorías, MIENTRAS LAS PROPIAS MINORIAS SÓLO OBSERVAN. El monstruo ideológico del que son cómplices en su creación es para todos, incluidos los feligreses.

 

Es cierto, Ricardo Alemán es un imbécil, es cierto, nadie debe hacer apología de la violencia, es cierto nadie debe llamar al asesinato de un periodista. Pero esta doble moral tendrá los peores efectos de los que podemos imaginar, el terror de pensar que, en el próximo régimen, pensar diferente es un delito.

 

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